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miércoles, 1 de marzo de 2017

Pecados de Cinéfilo: Pulp Fiction

Hace un tiempo inicié una sección en este blog donde hablaba de películas que a pesar de contar con la aprobación general del público y la crítica, no lograban convencerme. Películas que hoy en día son consideradas obras maestras y de las que se escriben, comentan y analizan múltiples veces; son parte del corazón colectivo de distintas comunidades cinéfilas que las pusieron sobre un altar, esto no tiene nada de malo claro está, todos tienen el derecho de formar sus propias opiniones ya sea concuerden o no con la opinión pública, el único capaz de moldear su opinión es uno mismo.

Y con el mismo nivel de importancia que el de tener un criterio propio está el derecho de poder expresarlo, de poco sirve tener una voz propia si no la usas. Es por eso que escribo sobre el tema que me ha traído más roces con otros fanáticos del cine: No me gusta "Pulp Fiction", tras oír esas palabras salir de mi boca un gran número de personas me ven atónitas y unas cuántas con desprecio, no los culpo, también me cuesta procesar cuando escucho opiniones similares de mis películas favoritas. De nuevo, no está mal tener opiniones propias, pero a cambio pido amablemente una explicación agradable y con argumento, aquí está la mía:


sábado, 18 de febrero de 2017

Hablemos de: Enter the Void

Mientras que la historia de película puede funcionar fluidamente, puede que su cinematografía no resalte, hay ocasiones en que un buen guion se filma con una simplicidad estática, plano tras plano tras plano, con movimientos básicos de cámara y expresión puramente actoral. Sin embargo hay cintas que realizando magistral uso de movimientos de cámara, fotografía y montaje, quedan grabadas en nuestras retinas, marcándonos con una imagen o secuencia que nos acompaña el resto de nuestra vida.

En mi caso la película que impregnó en mí el poder de sus imágenes es: "Enter the Void" de Gaspar Noé.

sábado, 4 de febrero de 2017

Recomendación: El Derecho y la Política van al Cine.

Creo que si dejamos a la religión de lado, no hay tema más frágil de tocar que la política. Ha estado presente desde el inicio de la humanidad, ya sea en poblados menores como en grandes imperios; la política es parte de nuestra vida (querámoslo o no). Como el arte es la representación metafórica y subjetiva de la vida es lógico entonces que se represente en más de una forma a la política en la pantalla de las salas de cine, ya sea como instrumento político, como detractor y amenazante de ciertas ideas y partidos políticos o simplemente como piezas de arte a las cuales podemos atribuirles significados políticos; queda en claro que tanto cine como política están adheridos a nuestra vida diaria y que nos vemos en gran medida influenciados por ambas.

Pero es también verdad que parecen ser polos opuestos, es mucho más disfrutable (a toda edad creo yo) ir al cine o relajarse en casa viendo películas que ver las largas horas de transmisión en vivo de debates en el ministerio o ver los resúmenes de jornada de los que nada entendemos en los noticieros. Preferimos ver a Batman pateando el trasero de mafias corruptas en vez ser nosotros quienes se encarguen de la corrupción en nuestra ciudad. Mucho de eso se debe a que la política no se deja entender, después de todo a qué político le gustaría que la población entienda qué es lo que se trae entre manos. Pero es en este punto donde el cine puede intervenir y re-dirigir la atención del público hacia lo que sucede en los senados, los ministerios y en las municipalidades de nuestra ciudad y lo mejor de todo, siendo accesible para todos.

"El Derecho va al Cine" y "La Política va al cine" son libros publicados por el Fondo Editorial de la Universidad del Pacífico, siendo sus editores Cecilia O'Neill de la Fuente en el caso del primero y de trabajo mutuo por Manuel Alcántara y Santiago Marini en el caso del segundo. Ambos libros son una recolección de artículos de distintos autores que dan sus interpretaciones y análisis a distintas películas de diversos géneros bajo una mirada jurídica, política y moral, permitiendo así que el cine sirva de instrumento de entendimiento y comprensión para los espectadores casuales y que estos puedan formar sus propias ideas a través de las cintas que ven en sus pantallas.

viernes, 17 de junio de 2016

Pecados de Cinéfilo: Akira

Hace unos días buscando en la biblioteca de mi instituto de inglés me topé con el primer tomo del manga "Akira", obra escrita y dibujada por Katsuhiro Otomo entre los años de 1982 y 1990, tomé dicho tomo de la estantería, me senté a leerlo e inmediatamente me vi atrapado por la atmósfera de la obra; su oscuridad, su desesperanza... los callejones de bajo mundo de esta ciudad donde viven jóvenes pandilleros motorizados entre drogas, sexo e inmundicia, me vi fascinado por Neo-Tokyo, su diseño y estructura sirve de gran escenario para una historia igual de atrapante, no hace falta ahondar en el manga para impactarnos, pues en los primeros paneles ya nos muestran un impactante contexto: una explosión nuclear desencadena la Tercera Guerra Mundial, 31 años después nos vemos inmersos en este distópico mundo llamada Neo-Tokyo.

Mientras más avanzaba en la historia más me intrigaba, a pesar de su acelerado ritmo (que muchas veces me dejaba deseando un mejor desarrollo) lo sentí mucho mejor estructurado que la película animada de nombre homónimo, estrenada en 1988 y dirigida por el mismo creador de la obra original. Esto me pareció curioso, a pesar de no agradarme la película, el manga me capturó con mucha más facilidad... y sí, tal como leyeron, no me gustó la película "Akira".


Como amantes del cine, muchas veces citamos a las mismas películas en nuestra propia lista de películas favoritas, muchas veces concordamos sobre qué cintas son obras maestras y cuáles no lo son. Pero hay veces en las que discrepamos, hoy en día muchos youtubers, blogueros y demás sacan con las mejillas sonrojadas sus videos y escritos con los llamados "Guilty Pleassures" donde hablan de aquellos trabajos menores o incluso "malos" que dio el cine que a ellos realmente les gustan, después de todo ¿quién no disfrutó inocentemente de algo que todos odian? Sin embargo está la otra cara de la moneda, de aquellos largometrajes que la crítica y el público aman, pero que a uno no llegan a gustarle y no se atreve a rebelar ello; cuántas veces por decir que tal o cual película no me ha gustado, los cinéfilos me han satanizado y criticado duramente, es un "pecado" para nosotros que no nos guste tal obra; pero es que es así, si algo no me llega a gustar tengo que decirlo, pero me gusta explicar por qué. La película con la que empezaré esta lista de "pecados" es "Akira" puesto que presenta en mí un gran contraste al admirar el manga, mas no la cinta.